El Milenario Tantra. Sexualidad Sagrada y Amor Consciente
Tantra significa entretejer dos totalidades unidas. El Tantra reconoce desde el principio que hay dos polos que tienen que emerger para que la iluminación tenga lugar. El padre cielo y la madre tierra, las energías masculina y femenina, shiva y shakti, el ying y el yang, y que esos polos están contenidos dentro de nosotros, en nuestro cuerpo y en su energía.
El Tantra nació hace más de cinco mil años
en el Valle del Indo, en el Pakistán actual,
entre la civilización
dravídica, pueblo que extendió su
cultura desde el Indo al Mar Rojo y el Mar Mediterráneo. El más antiguo texto
tántrico se situaría en el siglo VI AC porque la enseñanza era transmitida de
forma oral. A partir del siglo IV de nuestra era se produjo un importante
resurgimiento bajo la forma de tantrismo shivaíta, el trika (tantrismo
no dual de Cachemira) y la escuela del Kaula,
una de las más importantes e influyentes. La India es la cuna del Tantra, sobre
todo los estados de Bengala, Assam, Kerala y Cachemira.
TEXTOS TÁNTRICOS
Los
textos tántricos, denominados Tantras, Agamas o Sambitas están
considerados como el Quinto Veda y en ellos se afirma que se
revela la verdad con mayor claridad para, así, poder beneficiar a toda la
humanidad. Dichos textos suelen redactarse con un lenguaje sánscrito bastante
sencillo, aunque a cada palabra se le suele dar un significado literal y otro
simbólico.
Sus
textos más celebrados son: el Kula Arnava y el Vigyan
Bhairava Tantra. Este último detalla algo más de 100 métodos de meditación.
El primero podría ser el camino del Tantra de la mano izquierda, en el que se
practica el acto sexual con las demás prácticas tántricas de energía. Y el
último puede ser el camino místico del Tantra en el que la unión de Shiva con Shakti se realiza a nivel místico. El
Tantra se considera como una revelación que aspira a ser la enseñanza más
idónea para esta Edad Oscura (Kali Yuga) en que nos encontramos ahora y
que sustituye a la primitiva revelación védica.
CUERPO, SEXUALIDAD Y ENERGÍA
A diferencia de las primitivas enseñanzas,
los seguidores del Tantra introdujeron una idea positiva sobre el cuerpo. En el
Tantra se considera el cuerpo humano como una valiosa plataforma, como un
catalizador para lograr la iluminación y, por consiguiente, buscan mantenerlo
en excelente estado de salud a través de una variedad de medios que incluyen
el Hatha Yoga, el pranayama o la meditación.
El Tantra Yoga trabaja con el cuerpo
físico y con su aspecto sutil (prânamayakosha), compuesto de energía
vital (prâna). Según el modelo del Tantra, el cuerpo energético sutil
contiene siete o más vórtices principales (chakras), que están alineados
a lo largo de la columna vertebral. El poder de la serpiente se despierta en el
centro psicoenergético más bajo y luego debe ascender hasta la cima de la
cabeza. Se piensa que este logro lleva a (o coincide con) la liberación o
iluminación espiritual, el nirvana.
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Ilustración
de un manuscrito indio sobre Yoga de 1899 en lengua Braj Bhasa en la que se
pueden observar los siete chakras (Public Domain)
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Para el Tantra la sexualidad es el pórtico
que lleva hacia la unidad con el cosmos y con lo divino. Al focalizar la
energía sexual desde el punto de vista tántrico, trascendiendo el placer, se
realiza la iluminación del ser. La iluminación y la unión mística se realizan
en primer término en nosotros mismos a nivel interno, con nuestro amante
interior. Luego, esa alianza se logra con el mundo, los seres y ya, totalmente,
con el absoluto.
El Tantra enfatiza técnicas o enfoques
energéticos, que incluyen el ritual, el mantra y la
visualización. Dichas técnicas son empleadas como medios para transportarnos
más allá de ellas, en lugar de ser una finalidad en sí mismas. El Tantra tiene
una aproximación universal: utiliza todos los métodos disponibles y no rechaza
nada. Esto incluye métodos que podrían ser considerados como “no espirituales”.
El Tantra da especial lugar a la Diosa y su adoración.
El Tantra es más que una terapia sexual.
Es cierto que la primera etapa es terapéutica: ser capaz de tener placer sin la
angustia de la mala conciencia. Sin embargo, la segunda etapa es espiritual:
abandonarse al placer. Se pasa de tener placer a ser placer: mi yo se
sacrifica, el yo desaparece. En esta desaparición se revela la eternidad de
nuestro ser sagrado.
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Figuras
en actitudes explícitamente sexuales tal como aparecen en los relieves de
piedra del Templo de Khajuraho (siglo X-XI) ubicado en la localidad del mismo
nombre del estado de Madhya Pradesh, en la India (Flickr)
El Tantra es una invitación a todo el que
quiera experimentar una vida amorosa, afectiva y sexual como medio de
desarrollo psicológico y espiritual. Nos coloca de manera abrupta frente a lo
que realmente somos y nos compromete a un proceso de intensa y profunda
transformación. Es el ritual de sanación de las profundas heridas producidas en
nuestra historia sexual y afectiva.
El cuerpo es la piedra angular de la
catedral tántrica. Para el Tantra, el cuerpo es mucho más que un maravilloso
instrumento de manifestación, o un admirable mecanismo biológico, es divino.
Para captar la clave del Tantra, hay que comprender que el cuerpo real es, de
hecho, un universo de una complejidad extraordinaria, cuya vida secreta
desconocemos. Además, hay que tener en cuenta que el cuerpo vivido es una
simple imagen, un esquema, una construcción mental, y es el único aspecto que
conocemos.
Por otra parte, el cuerpo es producido y
animado por una inteligencia creadora, la misma que suscita y preserva el
universo: desde la más ínfima partícula subatómica a la más gigantesca de las
innumerables galaxias. Además, para el Tantra el cuerpo guarda potencialidades
insospechadas, energías extraordinarias, que en su mayoría quedan sin cultivar
en el hombre común, pero que la práctica despierta y desarrolla.
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En
el Tantra cada uno se abre al universo corporal del otro como al suyo propio.
La práctica del Tantra enfatiza en el intercambio de energías masculina (Shiva)
y femenina (Shakti) entre el hombre y la mujer (Wikimedia Commons)
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En el Tantra dos universos se unen. El
hombre y la mujer están conectados entre sí y los intercambios se hacen en
todos los planos: cada uno se abre al universo corporal del otro como al suyo
propio. Nada se hace para que las cosas se produzcan. Sólo hay un hombre y una
mujer que exploran sus sensaciones espontáneas, sin ideas preconcebidas en
cuanto a lo que debería pasar, pues la contemplación no concierne a lo que
debería suceder sino a lo que es. Se trata de establecer una corriente de
intercambios entre los sentidos y su objeto, sin prisa, sin ningún deseo de
posesión.
En términos más "actuales o
modernos", podríamos decir que la meta consiste en lograr la
autorrealización o la integración personal, o simplemente la totalidad.
La palabra tántrica para el Uno es "Shiva-Shakti",
que se refiere a la unión de la conciencia cósmica con la energía creativa, la
fuerza que mueve la creación, la combinación perfecta de lo masculino y de lo
femenino que forman el Uno indiferenciado. En el cuerpo residen Shiva y Shakti,
que penetran y animan todas las cosas. El cuerpo es un inmenso depósito de
poderes y el objetivo del rito tántrico es llevarlos a su plena expresión.
Fuentes:
"La Energia Femenina del Tantra"
(Gonser Rimpoche) Editorial Amara. Año 2006.
"Tantra. El Camino de la
Aceptación" (Osho) Editorial Gaia. Año 2007.
"Introducción al Tantra" (Lama
Yeshe) Ediciones Dharma.
"Tantra : La Vía Secreta Del Amor y
la Erótica Mística" (Ramiro Calle). Editorial Sirio. Año 2000.



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